martes, enero 30, 2007

Ave del Paraíso

Leer "Las Mil y Una Noches" es como transitar un gozoso laberinto de cuentos que se enlazan y contienen unos a otros, un laberinto cuyas paredes están pintadas profusamente con bellos colores y cuyos conductos desembocan ocasionalmente en jardines, cuevas iluminadas y tesoros hechos de imaginación pura. Yo estoy leyendo la traducción de Juan Vernet para Planeta. Esta colección de cuentos, que es a su vez un único cuento (quizá el más largo nunca escrito) abunda en lo maravilloso y en lo inesperado, lo mitológico y lo simbólico.

En el tránsito de la Noche Quinientos Treinta y Una a la Noche Quinientos Treinta y Dos, se narra el destino de las hojas que tapaban las vergüenzas de Adán cuando fue expulsado del Edén, y aparece la figura del Ave del Paraíso, que anoto aquí como guiño a los aficionados a cierto juego de cartas:
Recorrió la isla y encontró un árbol enorme, cuyas hojas semejaban las hojas de un barco. (...) En la copa del árbol había un gran pájaro de perlas y esmeraldas verdes; los pies eran de plata, y el pico, de un rojo rubí; las gemas más preciosas formaban sus plumas. (...) Buluqiya, al ver aquel enorme pájaro, le preguntó: "¿Quién eres? ¿A qué te dedicas?" Le contestó: "Yo soy uno de los Pájaros del Paraíso".