martes, octubre 17, 2006

Perro de Herrumbre

Quién está en el tiempo de abrir paso
a la cruz de la noche que el temor conjura
a las estrellas tapadas de memoria perdida
un horizonte de niebla sin gris, helada.

Quien pisa el polvo de los días cautivos
trenzados de espino y soledades amargas
con arma en la mano por golpes mellada
para enfrentar a la bestia que mora ante el alba

Enfrentar al perro de herrumbre que asusta el camino,
mirarle a los ojos, saber de su cólera y aprender
de su rabia a morder el hierro
atenazar entre muelas de piedra el horror ajeno

para resurgir entre las curvadas ramas de la noche
avanzar el pie en bota embarrada hacia el frente,
a la nueva mañana que en polvo de sol levanta
por sendero trazado a golpe de espada.

domingo, octubre 15, 2006

viernes, octubre 06, 2006

Smog

Smog es una palabra de origen inglés que se acuñó en 1905 a partir de las palabras smoke (humo) y fog (niebla). Designaba originalmente a la mezcla del humo procedente de los coches con la niebla matutina londinense. Hoy día es muy común oir hablar del smog y se puede decir que está presente en todas las grandes ciudades.

Recuerdo que hace años, en la zona en la que vivo, no se veía smog. Hoy cada mañana se puede ver en dirección a la urbe esa capa de polución pura y smog, un tinte del cielo bajo entre amarillo y gris oscuro. Cuando esta contaminación había alcanzado ya a mi ciudad, recuerdo que el paisaje más allá permanecía impoluto. Resulta que ahora trabajo en esa zona antes pristina y veo cada mañana como el mismo tinte ponzoñoso se ha extendido a esta zona y mucho más allá. Es desolador ver el fondo de montañas y bosques medio oculto por el cortinaje amarillento de la polución. Me recuerda a la Nada, extendiéndose inexorablemente, de Michael Ende.

Luego al llegar al Polígono olía a madera quemada. La madera quemada es fragante a veces. Todo en su justo orden, y del mismo modo que el animal tiene que matar y comer para sobrevivir, está bien que el ser humano consuma con moderación la madera de los nobles árboles. La perversión no reside ahí sino en la destrucción incontrolada. Los árboles nos traen paz y belleza hasta en su muerte, en el espíritu del humo. ¿Cuál es la medida? La hoguera modesta que calentaba a una familia en los tiempos antiguos, o a la cuadrilla de obreros en la obra hoy día, no es un pecado. Sobre todo antaño, cuando el hombre respetaba a los bosques y sabía que talar era matar, a veces haciéndolo pero con conciencia de lo que hacía. Todo lo que está más allá es un abuso, y más hoy día cuando el ser humano ha encontrado formas de conseguir energía sin dañar apenas al medio ambiente. Ese humo en una mañana invernal es una bendición. Cuán lejos de la invasión del smog que nosotros hemos traído. Es un mensaje sin palabras con el que la Madre Tierra nos recrimina nuestra ambición.

lunes, septiembre 04, 2006

Ostara

Ostara es una banda que fusiona con éxito eso que llaman neo-folk con pop. El resultado merece la pena ser escuchado. Las voces me recuerdan a Martin Walkyier y a Julian Cope, sobre todo al primero, y no es muy común encontrar a alguien que cante con las entonaciones de los últimos álbumes de Walkyier. Las letras tienen un contenido lo suficientemente "ligeramente enrevesado" como para resultar atractivas sin ser pesadas. El equilibrio entre distintas guitarras eléctricas, acústicas, voces con distintos efectos y una batería un tanto cruda crea un sonido agradable de escuchar pero con mucha fuerza como en temas como Rose Of the World o Diva de Sade. Las melodías combinan esquemas acústicos arpegiados con acordes de quinta que realzan esa potencia del conjunto final.

Ignoro la popularidad de la banda. Sobre su existencia me enteré no sé muy bien cómo, en alguna "excursión" a través de la Wikipedia donde, por cierto, tienen entrada propia. Ostara es el nombre de una antigua festividad pagana y una renovada festividad neopagana, como ya sabéis. Supongo que eso da una pista.

Más información y algún sample en los siguientes enlaces:

Web Oficial
My Space
Wikipedia

lunes, agosto 28, 2006

Daimon de Jünger

Como vuelvo de otro corto período de vacaciones, esta vez el último hasta dentro de no sé cuánto, hoy sólo comentaré por encima esta cita de Ernst Jünger que me hizo reflexionar el verano pasado- y por cierto, me parece mentira que ya pueda hablar de "verano pasado"... qué rápido pasan los años. En fin, la cita. Está extraida de "El Sueño de Aladino", y en mis notas la relaciono con "la historia del último siglo" (no sé si la nota es mía o apunté el nombre del capítulo correspondiente en el libro):
Todos los dioses han caído, excepto Dionisos, ¡pero él no es un Dios! sino un daimon, un titán.

¿Resultado? Quizá sea este el siglo de la autogratificación. El ocio se santifica. Démosle una vuelta a la tuerca: ¡leer por ocio! No por sentido de utilidad. ¿Es eso moral? ¿Se ha leído siempre por ocio? Intentemos invertir la visión, a ver qué descubrimos.

Notas rápidas que me vienen a la cabeza: ¿realmente han caído todos los dioses? O: los dioses han caído, los titanes no. Recuerdo los rasgos comunes de las religiones proto indoeuropeas, las atrevidas reconstrucciones que sin embargo me parecen llenas de sentido común: el panteón doble (recordemos el eco de Æsir y Vanir, Olímpicos y Titanes); una raza de dioses del cielo, una aristocracia divina, y por otra parte, unas deidades de la fuerza vital más primitivas. Quizá la espiral esté retrocediendo (¿siendo forzada a retroceder?). Para Jünger hemos dado la espalda a esa raza de dioses clásicos, de la luz y el cielo abierto, y nos hemos centrado en la adoración de los titanes, de la parte cthónica de nuestra naturaleza. Recordemos también que muchos ven en estos Ansu (es forma protoindoeuropea reconstruida) la evolución de los genios y pequeñas deidades de la naturaleza, de poder modesto pero terrible cada uno en su ámbito. Puede ser entonces que nos estemos dando la vuelta a una dimensión más humana de nuestra esencia, una suerte de ejercicio de humildad en nuestra intención como especie. Si es así, no debería verse como un paso hacia atrás. Nos movemos en espirales. Volver a encontrarnos con nuestra esencia más primitiva parece necesario ahora que nos hemos encaminado, en lo que parece un camino equivocado, hacia lo celestial, lo abstracto. Una vez volvamos a saber quiénes somos, qué somos en realidad, podemos volver a mirar hacia el cielo, quizá, y aspirar a nuestra otra realidad divina.