martes, marzo 27, 2007

Primavera

He comido hoy en la Posada del Rey: la carne sabía hoy especialmente a roedor. No es que me importe: un troll verdadero ha comido carne de cosas peores. La Gran Vía da de comer al hambriento, de madrugada, pero no se debe mirar con ojo demasiado fino lo que venden los Orientales.

He aprendido tanto en los viejos tiempos que he rozado el pozo del abismo, y proclamo sin orgullo que sigo sin saber nada, o bien poco en todo caso... Llega la primavera y me recuerda a un estoico sentado en un banco de piedra, impasible, alejadas de sus manos las glorias y maravillas de nuestro siglo de juguetes. Me pongo la túnica, ahora que Morfeo me ha cerrado las puertas de sus dominios y me tengo que colar por las grietas; Hypnos me reclama desde la Puerta Química, y sus mil lacayos me intentan seducir, repitiéndose infinitos en una desolación de armónicos. Les hago un corte de mangas: se enfurecen, toman formas amenazadoras - alguno comete la indecencia de husmear algún archivo prohibido de mis pesadillas y adoptan figuras temibles.

Me veo obligado a sacar de entre los pliegues mi lira de rápsoda, y les contesto con unas furiosas y pesadas rimas, ladradas en griego antiguo, intercalando otras lenguas muertas del norte; surte efecto, me reconocen. Mis Dientes Son de Hierro, Mi Lengua es de Fuego y Espada. Huyen a esconderse entre el basalto, pero yo sigo sólo en la estepa frente a las espiras. Me encojo de hombros y me doy la vuelta; seguiré buscando. Hay extraños perfumes que vienen de la vigilia.

Las flores, amarillas, por doquier, hacen que Madrid parezca una ciudad hasta humana.