Creo que a estas alturas casi todo el mundo conoce Google Earth, el curioso proyecto de Google por trazar un mapa de la Tierra a partir de fotos de satélite. Google Earth es un programa gratuito que Google pone a disposición del usuario. Supongo que una de sus fuentes de patrocinio viene de la posibilidad de mostrar, como opción del programa, restaurantes y otros negocios. Aunque creo que la mayoría de personas que lo usan lo hacen como yo, como manera de "viajar" de una manera que hasta ahora no era posible: imitando en cierta forma el vuelo de un astronauta de poderes infinitos, y de curiosear localizaciones interesantes. Google Earth tiene en Google Maps su proyecto "hermano"; al final, ambos interfaces se nutren de la misma base de datos de fotos de satélites, aunque Google Earth tiene el encanto especial, infantil si se quiere, de permitirte sentirte un pájaro de inmensas alturas. Existen multitud de páginas, como Google Earth Blog o Google Earth Community dedicadas a recopilar vistas originales encontradas por los usuarios curiosos.
Cuando ya había pasado tiempo desde esta agradable sorpresa, descubrí por casualidad que también existe una web similar para nuestro satélite. En efecto, se puede navegar ya por la superficie de la Luna, al menos de manera virtual: Google Moon ofrece esa posibilidad. Acabo de descubrirlo y estoy deseando darme una vueltecita por el satélite. Algunos cuestionarán su utilidad; no puedo defender esa idea. Para mi es un error considerar la astronomía (por la que siempre he estado interesado), como una disciplina puramente académica. Estoy convencido que el futuro (si existe alguno) de la humanidad como especie animal está ligado imperiosamente a la conquista del espacio. Al que hace broma o al risueño le dirigiré a un libro de Hartmann, Miller y Lee:¿Qué podemos predecir sobre el curso futuro de la civilización si no nos aventuramos audazmente en el espacio durante el próximo siglo? (...) La sociedad se encamina a drásticos cambios en los próximos decenios. Si dejamos que "todo siga igual" en una economía totalmente limitada a la Tierra, el agotamiento de los recursos, los desórdenes y la catástrofe detendrán nuestro avance (...). Las tres causas más probables del hundimiento de la civilización parecen ser la guerra nuclear, la crisis malthusiana y el desastre ecológico. (...) Una alternativa es descubrir recursos adicionales de energía y de materiales fuera de la Tierra y elaborarlos allí, permitiendo de este modo que nuestro planeta comience a relajarse de nuevo hacia su estado natural. Estos descubrimientos, estos desarrollos, no son un sueño irreal. Ya están en camino.
"La exploración de las fronteras extraterrestres", William K. Hartmann, Ron Miller, Pamela Lee, 1987.
Nota: Mientras redactaba esta entrada, mi mente ha dado el siguiente (inevitable) paso lógico: interrogar a Google acerca de Google Mars. Y efectivamente existe. Por ahora, en Google Labs, la sección de Google donde se prueban versiones beta de proyectos de Google, ciertamente interesantes y recomendables.

Y una segunda nota; por casualidad, o quizá no por casualidad, di con otra vuelta de tuerca de esta moda: mapas de Europa, el satélite de Júpiter. Sin embargo, este proyecto no parece propiedad de Google (no aparece listado en Google Labs, por ejemplo) sino de un tal Peter Pesti del Georgia Institute of Technology.

¿No es así? A mi me parece muy cierto. ¿Qué estamos haciendo entonces con nuestras vidas? Cuando terminemos el último día, ¿qué recordaremos que nos llene de orgullo?
En los últimos tiempos se ha instaurado una visión de nuestro modo de vida occidental-oriental. Aunque los noticiarios de este primer o segundo mundo insisten en las imperfecciones de la vida cotidiana, transluce la opinión de que nuestro día a día es un gran logro comparado con otras épocas. Pero sin duda se puede afirmar que este mundo no es tan ideal como nos lo han pintado. Creo que en cada época las personas han sido tan vanidosas, o tan miopes, que se han considerado la culminación de la evolución humana; así pasa hoy día también. Creemos que dentro de 50 años seremos igual que ahora... craso error, la historia así lo muestra. Pero el error de perspectiva histórica se repite. Visto con la óptica adecuada, la diferencia es ínfima, despreciable como se diría en términos matemáticos.
¿Qué hacer, pues? Aprovechar el día a día y con voluntad y conciencia el espacio que se deja a nuestro libre albedrío para realizar esas motivaciones. Sólo así venceremos esa curiosa paradoja de nuestro siglo (o década).
