martes, julio 01, 2008

Alfabeto de la Ciudad de los Dioses

Hace más o menos un mes, ojeaba una gramática de la lengua Sánscrita durante la hora de la siesta.

Leía la sucesión de compiladores de las normas que rigen esta antigua lengua, y mi mente somnolienta se relajaba imaginando a sabios de piel color ceniza y barbas como alambres requemados, esforzándose en recordar cada una de las leyes que se aplican a las palabras de la lengua sagrada.

Llega un momento en la mente del filólogo aficionado en la que empiezan a producirse ciertas asociaciones, conexiones, que se dan de forma inevitable debido a las comparaciones que se realizan habitualmente. Esas conexiones se producen tanto de modo consciente como inconsciente. Las conscientes forman parte de las herramientas de estudio de estructura y evolución de los idiomas, y se aprenden en gramáticas y análisis. Las inconscientes se deben a los mecanismos que la propia máquina lingüística del cerebro tiene en marcha de manera continua.

Así, leyendo la introducción al alfabeto devanāgarī, que es el que se usa actualmente para la escritura de la lengua Sánscrita, me quedé sospechando acerca de esa bella palabra y en sus posibles raíces. La lengua Sánscrita no es tan lejana lingüísticamente a nuestros idiomas europeos. No en vano, gracias a su estudio se comenzó a sospechar de un parentesco entre idiomas que aparentemente no tenían nada en común: algunas de las lenguas de la India y las de Europa. Los primeros en señalar los puntos comunes entre estas familias de idiomas fueron Thomas Stephens, misionero jesuita y Filippo Sasseti, mercader florentino, por allá el siglo XVI. La primera hipótesis académica, sin embargo, la hizo el lingüista Marcus Zuerius van Boxhorn en 1647 y el estudio formal de las lenguas Indoeuropeas no se establece como una disciplina académica hasta la aparición en 1833 de las primeras partes de la Comparative Grammar de Franz Bopp. Así pues, uno puede dejar volar la imaginación un poco más que con otras lenguas cuando se encuentra con términos Sánscritos, con cierta esperanza de no extraviarse, aunque siempre es peligroso aventurarse demasiado en las hipótesis filológicas.

El Sánscrito es una lengua clásica en la India, como puede serlo el Latín o el Griego para nosotros. Y como el Latín dentro de la Iglesia Cristiana, el Sánscrito es una lengua litúrgica, en este caso del Hinduismo y otras religiones de la India. Es a pesar de todo ello una lengua reconocida como oficial en la India (de entre los 23 idiomas que han alcanzado ese status en esa tierra, la India, que es a la vez un paraíso y un infierno para el lingüista).

Viajando hacia el pasado, encontramos dos etapas del Sánscrito: Clásico y Védico. El Sánscrito Clásico es el que se encuentra en la gramática de Panini, compuesta en el siglo IV a.C., y famosa por su estilo riguroso y conciso; prodigio de rigor y de concisión, de hecho: riguroso hasta el extremo de consignar reglas que sólo sirven para una palabra, concisa hasta el extremo de resumir muchas de esas reglas, a veces laberínticas, en una sóla breve frase.

El Sánscrito Védico es la etapa anterior al Sánscrito Clásico. Sus más antiguos restos podrían considerarse una etapa separad, que podríamos llamar Sánscrito Arcaico: es el Sánscrito del Rig Veda, que se retrae hasta el año 1500 a.C. El Rig Veda es el más antiguode los textos indoiranios, una reliquia de una época en que la religión védica aún no estaba diferenciada plenamente del zoroastrismo: vedismo y zoroastrismo eran quizá ramas separadas de un tronco común en el que pueden leerse los dibujos de lo que debió ser una de las creencias centrales de los pueblos indoiranios. El Rig Veda, compuesto entre el 1700 a.C. y el 1100 a.C., es el único ejemplo en todo el planeta de una literatura de la Edad de Bronce que se conserva.

El Sánscrito se ha escrito a lo largo de la historia empleando muy diversos alfabetos. Desde el siglo XII de nuestra era, más o menos, el alfabeto devanāgarī desplaza al anterior gupta, el sharada y el siddham. Como muchos otros alfabetos de la región, desciende del brahmi, el alfabeto de los Brahmanes, la casta de los sacerdotes, los sabios. El brahmi tuvo una descendencia abundantísima: además del sharada y el devanāgarī, hay unos 40 alfabetos de uso común y actual en la India que descienden de él. Aparece el brahmi, padre de todos estos alfabetos, en la India antes del año 500 a.C. Se cree que fue derivado del alfabeto arameo o fenicio; otra teoría lo deriva de la escritura del Indo, también llamada de Harappa, que fue usada en el valle del Indo hasta aproximadamente el 2000 a.C. Las inscripciones más antiguas que se conservan en el alfabeto brahmi son las del rey Asoka (c.270 - 232 a.C), de la dinastía Mauryan.

Devanāgarī fue precisamente la palabra con la que inicié esta entrada. Enseguida, tras leerla, hice dos conexiones: deva, gari. Deva estaba bastante clara en mi mente: emparentada con nuestra palabra "divino". La misma raíz que deva tienen el Latín deus y divus, el Lituano Dievas y el Germánico Tiwaz, y todas se originan de una forma Protoindoeuropea *deiwos: "celestial" o "brillante", puesto que los pueblos indoeuropeos identificaban ambos conceptos. El verbo del que se deriva es *diw, que es la acción de "brillar", especialmente la luz del día.

Gari es una de esas palabras de las que no parece fácil extraer el significado, pero no sé por qué razón pensé en gards, la palabra Gótica para "casa", "residencia" y también "corte" (en Inglés Antiguo existe geard y en Antiguo Alto Alemán, gart; en Antiguo Frisio garda, con el significado de "jardín", y en Antiguo Nórdico, garðr, "lugar cerrado", "jardín"). Lo cierto es que gards y todos sus primos cercanos (debería decir cognatos, que es la palabra técnica) descienden del Protogermánico *garda, que aglutina los significados de "lugar cerrado" que a su vez se relacionan con "casa", "hogar" y conceptos afines (entre los que está el "jardín" entendido como aledaño del hogar: compárese con el Inglés yard, que conserva ese significado). A su vez, *garda desciende del Protoindoeuropeo *gharto-, que deriva de *gher-, verbo que tiene el significado de "encerrar", "englobar", "agarrar", etcétera.

Sin ir más lejos, la raíz *gher- es la raíz de la que parte el Latín hortus (y de ahí nuestro huerto), el Antiguo Inglés gyrdan ("rodear"), Frigio gordum ("ciudad"), Antiguo Irlandés gort ("campo"), Bretón garz ("área cerrada", "jardín"), Griego khortos ("pasto"), y, precisamente, Sánscrito ghra ("casa").

Ahora bien, el nāgarī de Devanāgarī es la forma femenina de nāgara, "urbano", un adjetivo derivado de nagara ("ciudad"). Que nāgarī sea femenino no es casual: se debe a que originalmente acompañaba al sustantivo femenino lipi, que significa "alfabeto": nāgarī lipi era "el alfabeto de la ciudad". Así se llamaba este alfabeto, hasta que el uso hizo que se perdiera la palbra lipi y se hiciera referencia al mismo simplemente llamándolo nāgarī . El "alfabeto de la ciudad" resaltaba el hecho de que era el alfabeto de "los cultos", "los refinados" o "educados". Pero surgieron pronto distintas formas de este alfabeto de "los cultos". A esta forma en concreto se le distinguió agregándole "Deva", para así formar el compuesto Devanāgarī: "el (alfabeto) urbano de los Dioses" o "el (alfabeto) urbano divino". Sin embargo, este término se traduce a veces como "(alfabeto) de la ciudad de los Dioses". No hay tal posibilidad. Sí puede entenderse como "(alfabeto) urbano perfeccionado".

Durante la época colonial, prácticamente toda la publicación de textos sagrados se hizo usando el alfabeto devanāgarī. Esto ha llevado a la identificación en la práctica entre el idioma y el alfabeto, y aunque no hay ninguna ley, norma o precepto que recomiende este alfabeto en particular, se ha propagado sin igual, de manera que hoy día es el alfabeto más común para escribir la lengua Sánscrita.

lunes, junio 16, 2008

La Lingua Ignota de Hildegard Von Bingen

Hildegard Von Bingen fue una mujer del Renacimiento mucho antes del Renacimiento. Nacida en el año 1098, ejerció a lo largo de su vida de abadesa, escritora, consejera, lingüista, naturalista, filósofa, médica, herbalista, poeta, visionaria y compositora.

Muchos conoceréis a Hildegard Von Bingen por vuestras lecturas o vuestra música favorita. De hecho, Garmarna, el excelente grupo sueco de folk, publicaron un trabajo con su nombre en el 2001, con composiciones basadas en las originales de Hildegard.

Hildegard Von Bingen fue una mujer notable y seguramente volveremos a hablar de ella en alguna ocasión, pero hoy quisiera hablar de su labor como lingüista, sus visiones y su amor por la música, esferas de su vida que se combinaron en lo que ella misma denominó como Lingua Ignota.

Del amor por la música de Hildegard no hay duda que disipar. Además de sus brillantes y numerosas composiciones, resplandece en la historia de la música su Ordo Virtutem, un auto sacramental musicalizado que es considerado el germen del género operístico. En su Epístola XXIII defiende la música desde un punto de vista teológico; esta Epístola surge como defensa ante un castigo de la Sente Sede. Murió un hombre excomulgado; esta condición le negaba el ser enterrado en suelo santo, a lo que Hildegard se opuso, aduciendo que el finado se había reconciliado con la Iglesia antes de morir. La Santa Sede condenó al monasterio a que ninguna música, desde campanas a cancioncillas tarareadas, sonasen en él; crudelísimo castigo para un alma que vivía en la música. Finalmente, se reconoció gracias a otros testigos la versión de Hildegard. La pena se levantó. Queda la Epístola como mesurado remolino de furia y claridad.

Cerca del cambio de siglo, Hildegard produjo su Lingua Ignota ("Lengua Desconocida" en Latín), un idioma inventado por ella, una de los primeros lenguajes artificiales, por tanto. La descripción del idioma, que básicamente consiste en la enumeración de 1011 palabras que ella compiló en la obra Lingua Ignota per simplicem hominem Hildegardem prolata, (la referencia a que la obra va dirigida al hombre sencillo no debe tomarse como una arrogancia; el significado de simple o sencillo en la Edad Media no tenía connotaciones negativas) puede comprobarse en el Códice Wiesbaden (y también en un manuscrito berlinés).

La Lingua Ignota es básicamente un Latín al que se le ha sustituido el vocabulario por uno propio que diseñó Hildegard. La lengua tiene su propio alfabeto, las letterae ignotae o "letras desconocidas" (ver imagen de la izquierda). Con qué intención o persiguiendo qué meta se creó esta lengua, no se conoce a ciencia cierta. En el siglo XIX se pensó que sus motivos eran la creación de una lengua perfecta, capaz de servir de vehículo a todas las gentes y pueblos. Más tarde, se convino que se trataba de una suerte de lenguaje personal. De tal modo las teorías, muchas veces, se avienen al sentir general de una época. Es plausible que, del mismo modo que su música inaudita, la invención de la lengua le llegara a través de la inspiración de la que ella misma hablaba con prudencia y humildad (hasta 1141, año en que finalmente interpretó que sus visiones debían ser hechas públicas y comenzó el Scivias ("Conoce los caminos"), completado 10 años después, decidió no contárselas más que a su tutora Jutta von Sponheim quien a su vez se lo comunicaba al otro tutor de Hildegard, Volmar). Inspiración divina o deseo de tener un lenguaje capaz de expresar los matices que ella encontraba en la música, en sus visiones o en su propia vida. Matices que lenguas sin embargo nobles, poderosas y elevadas como el Latín no eran capaces de pintar y describir.

Sin saber si alguien se interesaba realmente por esta invención, de lo que hay pruebas es de que otros en el entorno cercano de Hildegard conocían la existencia de esta lengua, y no veían nada que no fuera encomiable en ella. Así, su tutor Volmar, en una carta le escribe ubi tunc vox inauditae melodiae? et vox inauditae linguae? Es decir: "¿dónde, entonces, están las melodías nunca oídas? ¿Y dónde la voz de las lenguas nunca oídas?".

El glosario de la Lingua Ignota está compuesto en jerarquía. Primero se describen las palabras para Dios (aigonz) y los ángeles (aieganz), y otras palabras acerca de lo divino; posteriormente se describen las palabras para el mundo de los hombres (jur es hombre, vanix mujer), las relaciones familiares, las partes del cuerpo, enfermedades, profesiones sacras y seglares, las profesiones y artes, los días, los meses, las plantas, enseres y algunos pájaros e insectos. No hay descripción de los mamíferos, salvo el murciélago (ualueria), que en la órbita del pensamiento medieval se considera un pájaro, así como el grifo (argumzio). Gramaticalmente, en el vocabulario hay prueba de composición y derivación por sufijos (peueriz "padre", peuearrez "patriarca")

Como para confirmar lo íntimo de esta maravillosa perla lingüística, sólo se conserva un texto en el que aparece empleada la Lingua Ignota. En él se entrelazan algunas palabras en esta lengua dentro de un marco en Latín. Sólo una de ellas (loifol, "pueblo") aparece en el glosario; por tanto, el párrafo está abierto a nuestra imaginación:

O orzchis Ecclesia, armis divinis praecincta, et hyacinto ornata, tu es caldemia stigmatum loifolum et urbs scienciarum. O, o tu es etiam crizanta in alto sono, et es chorzta gemma.

¿Cómo llegar al sentido de esta frase? Podemos adentrarnos en ese mundo de resonancias místicas traduciendo del Latín, dejando las palabras en Lingua Ignota sin hacer más referencia que al caso en que aparecen declinadas:

Oh, orzchis Iglesia, ceñida con las armas divinas y adornada con jacinto, eres la caldemia de las heridas del loifol, y la ciudad de las ciencias. Oh, oh, tú eres la crizanta en altos sones, y la chorzta joya.

Barbara Newman, en su libro Sister of Wisdom: St. Hildegard's Theology of the Feminine (Berkeley, University of California Press, 1987) aventura que orzchis es "ilimitada", caldemia "fragancia", crizanta "ungida" y chorzta "resplandeciente". Es ésta una posibilidad no descabellada, aunque para mi caldemia me inspira más un bálsamo, o algo que cura y alivia (ya que se habla de heridas en el texto).

Posibilidades, al fin y al cabo, y palabras en las que cada uno encontrará un sentido y un significado. Quizá lo más evocador de estas líneas y estos sonidos sean precisamente que nos son desconocidos. Puede que lo más avisado sea no procurar una tradución de la Lingua Ignota a nuestras lenguas modernas, ni a ninguna lengua, sino sólamente dejarse llevar, iluminar por esas sonoridades y captar el momentáneo resplandor de una inspiración, de una asociación que no acertamos a expresar; no es imposible que ése sea el fin último, divino o humano, de esta Lengua Desconocida.

miércoles, mayo 28, 2008

El Botón Rojo del Fin del Mundo (I)

A estas alturas, imagino que soy el último que se pone a hablar del Botón Rojo del Fin del Mundo... pero es un tema del que quiero hablar por varias razones. Por un lado, la física de partículas es interesante. Por otro lado, los aceleradores de partículas son unos de los ingenios más impresionantes que el ser humano ha construído. Y por último, no deja de sorprenderme que sigan surgiendo alarmismos, muchas veces amparados por medios de comunicación que suponemos serios.


¿Qué es el Botón Rojo del Fin del Mundo?

Es una forma de hablar, entre jocosa y paranoica, para referirse a la próxima puesta en marcha del LHC.

¿Qué es el LHC?

LHC son las siglas de Large Hadron Collider, es decir, Gran Colisionador de Hadrones. Se trata de un acelerador de partículas. Un acelerador de partículas es, en pocas palabras, un dispositivo que se usa para hacer que partículas subatómicas alcancen velocidades muy altas (y por tanto, energías muy altas) para hacerlas chocar con otras partículas.

¿Cómo funciona un acelerador de partículas?

Simplificando mucho, los aceleradores de partículas funcionan con imanes. Las partículas que se quieren acelerar tienen una pequeña carga eléctrica. Supongamos que cogemos un protón: tiene una pequeña carga positiva. Si ponemos el polo positivo de un imán cerca del protón, la partícula será repelida por el campo: es como si la empujásemos. Imaginemos que ponemos allá hacia donde es empujada la partícula un polo negativo de otro imán: el pequeño protón se sentirá atraído por ese polo y su velocidad aumentará. Pero cuando se ha movido hacia ese polo negativo, lo quitamos rápidamente y le ponemos detrás a la partícula otro polo positivo... con lo cual volverá a ser repelida y aumentará su velocidad... El efecto es el de estar empujando la partícula mediante imanes. Sólo que en el acelerador de partículas, los imanes son electroimanes que se encuentran fijos, y que van cambiando de polaridad según se acerca o se aleja la partícula, siempre de modo que la partícula va cogiendo más y más velocidad. Para una descripción más detallada, te recomiendo que mires aquí.

¿Para qué quieres hacer chocar partículas a alta energía?

Todos sabemos que a veces la única forma de aprender cómo funciona algo es desmontándolo. Hablando en sentido figurado, al hacer colisionar partículas subatómicas a gran velocidad, lo que hacemos es desmontar la materia para ver cómo funciona. De las consecuencias del choque se obtienen pruebas que nos dicen si las teorías científicas que se aceptan hoy día tienen razón o están equivocadas.

¿Qué es un hadrón, de todos modos?

Hadrón es una palabra que se usa para referirse a un conjunto determinado de partículas subatómicas. En concreto, un hadrón es cualquier partícula sometida a la interacción nuclear fuerte. En el universo hay cuatro fuerzas que son las responsables de todas las relaciones entre partículas. Son la fuerza de la gravedad, la fuerza electromagnética, y dos fuerzas exóticas que sólo se manifiestan a escalas muy pequeñas y que se han denominado interacción nuclear débil e interacción nuclear fuerte. Si una partícula experimenta la interacción nuclear fuerte, es un hadrón. Los hadrones componen la mayoría de la materia que conocemos. Por ejemplo, los protones y los neutrones que hay en los átomos son ejemplos de hadrones. Los hadrones se consideran formados por quarks.

¿Y qué es un quark, ahora que lo mencionas?

Hoy por hoy, es el componente más pequeño de la materia que se ha podido encontrar, junto a los leptones. Leptones y quarks son los ladrillos con los que está hecha la materia. Sin embargo, aunque son la partícula más pequeña que se puede encontrar en la naturaleza, eso no significa que te puedas encontrar por ahí un quark solitario, aislado... hoy por hoy, los quarks no existen de manera aislada. Siempre están unidos a otros quarks formando partículas mayores.

¿Por qué dices "hoy por hoy"?

La historia de la física de partículas subatómicas es una historia de creer que se ha encontrado la "partícula fundamental" o partícula más pequeña, para después comprobar que a su vez esa partícula está compuesta de otras más pequeñas. Bien podría suceder lo mismo con los quarks, aunque sinceramente, parece que esta vez no es así y nos encontramos realmente ante una partícula indivisible.

¿Para qué sirve el LHC?

Los experimentos que se realizarán en el LHC nos ayudarán a entender mejor cómo es y cómo funciona el universo en el que vivimos. Nos dirá cómo de encaminadas van nuestras teorías sobre el universo: si hemos acertado o hemos errado mucho. Sus resultados nos ayudarán a subir unos cuantos escalones hacia un sueño que la ciencia acaricia desde hace tiempo: una teoría que explique todas las interacciones entre partículas (ahora mismo no existe una teoría tal y las que hay tienen sus huecos). En última instancia, nos harán comprender mejor qué es la realidad, así que hasta se puede decir que tendrá su influencia sobre la filosofía.

¿Cuándo lo pondrán en marcha?

La puesta en marcha del LHC está prevista para mediados de Junio de este año. Las primeras colisiones tendrán lugar dos meses después, es decir, para mediados de Agosto.


¿Por qué se relaciona el LHC con el fin del mundo?

Cualquier acelerador de partículas maneja una cantidad ingente de energía en su funcionamiento normal. Cuando el LHC esté encendido, la energía total almacenada en sus imanes será de 10 gigajulios. Cada uno de los rayos que recorra el acelerador con el fin de colisionar entre sí llevará una energía de 362 megajulios, que equivale a la energía que tendría un Audi A4 si fuéramos capaces de ponerlo a 2.560 kilómetros por hora. Si se piensa que la partícula que llevará esa energía tiene una masa de 1,15 milmillonésimas de gramo, nos podemos hacer una idea de lo que supone para la partícula.

Esta inmensa energía puede producir explosiones catastróficas en caso de que hubiera una fuga, similares a las que causaría la caída de una bomba convencional usada en bombardeos aéreos. Pero a lo que se hace referencia realmente cuando se habla del "fin del mundo" es a ciertos resultados exóticos que podrían aparecer (teóricamente) debido a estas colisiones a energías nunca antes alcanzadas. Hablaré de estos resultados exóticos en la próxima entrada.

(Continuará...)

domingo, mayo 04, 2008

A un Ruiseñor

En una conversación con Carlos ha surgido la palabra inglesa nightingale, es decir, la palabra para ruiseñor.

Nightingale se decía en Inglés Medio nightyngale. Hay ahí en medio, entre nighty y gale una curiosa n que aparece después de la segunda mitad del siglo XIII. Digo que aparece porque antes de esa época la palabra era nightegale. Esa nasalización puede deberse a la asimilación con un gerundio, es decir, con la terminación -ing que todos conocemos, o no tener nada que ver con ello. Si nos remontamos más hacia el pasado, la forma en Inglés Antiguo era nihtegale. La primera parte de la palabra, nihte, proviene de "noche" en esa lengua: niht (aunque neaht en el dialecto Sajón Occidental, næht, y también nehtde en Ánglico). Nihte sería Genitivo Singular: "de la noche". La segunda parte de la palabra está relacionada con galan, "cantar", aunque este verbo puede significar desde "gritar" a "lanzar encantamientos". En las lenguas antiguas había que tener cuidado con lo que se decía o gritaba: el verso, la enumeración, la repetición, la misma palabra tenían un poder que convenía recordar y respetar. De la misma raíz, galdor o gaeldor significaba "conjuro", y galdere era el hechicero, el encantador, el adivino, o el que decía la fortuna.

Como existen palabras muy parecidas en otras lenguas Germánicas para éste ave, como Alemán (Nachtigall), Holandés (nachtegaal), Noruego (sørnattergal), Sueco (Sydnäktergal), se puede deducir que la palabra no se formó en la época del Inglés Antiguo, sino que es aún anterior, y de hecho, parece ser una palabra formada ya en la época en la que las distintas lenguas Germánicas no se habían diferenciado aún.

Es posible que este nombre del pájaro provenga de su costumbre a cantar en horas nocturnas (más bien, en las primeras horas de la noche, aunque también lo hace durante el día, por supuesto). Ésta puede ser una buena teoría para el nombre del ave, al menos en lo que concierne a las lenguas Germánicas.

En Español, la palabra ruiseñor viene del Latín luscinia, aunque a primera vista no lo parezca. Luscinia es palabra femenina. También existía el masculino luscinius, aunque por lo que he leído, la forma femenina era anterior. Ruiseñor, en español, tendría su origen más exactamente en la forma diminutiva lusciniolus, y fijándose bien, ya está ahí el germen de ruiseñor, con un par de cambios fonéticos y asimilaciones. Pareja evolución desde este diminutivo se ha dado en otras lenguas Romances: Italiano usignolo, Portugués rouxinol, Occitano rossinhòl, Catalán rossinyol. La palabra Francesa rossignol no puede incluirse rigurosamente en esta lista ya que deriva a su vez del Provenzal Antiguo (dialecto del Occitano Antiguo) rosinhol. En Francés Antiguo era losseignol, que como se ve conserva la l inicial. La l inicial latina suele conservarse en las lenguas Romances; así pues explicar la r inicial en las palabras Española, Portuguesa, Occitana y Catalana no es fácil. Es cierto que en Catalán y en algunos dialectos Españoles, la l inical latina se palataliza en ll. De ahí quizá se paso a r; no es improbable. El resto probablemente lo hizo la asimilación a la palabra roge en Occitano o roig en Catalán ("rojo") o al nombre propio Ruy en Español, mientras que también es probable que la terminación -señor sea una asimilación a esa misma palabra por parte de los hablantes (la evolución esperada del Latín al Español hubiera sido -siñolo). Por completar el listado de formas Romances, en Rumano, curiosamente, éste ave recibe el nombre de privighetoare, es decir, "vigilante". Es nombre femenino en esta lengua.

Pero si volvemos al origen primero de la forma latina, encontramos incertidumbre entre los estudiosos. Todos los análisis, sin embargo, o casi todos, están de acuerdo en el origen de la parte última de la palabra: cinia está relacionado sin duda con cano, "cantar". Es la parte inicial la que causa problemas. Una etimología propuesta hace partir luscinia de una forma anterior cluscinia que habría perdido la c inicial. Esta cluscinia estaría formada por raíces del verbo clueo, "poseer fama" (relacionado con el Griego kluo, con el mismo significado, y el Sánscrito cru, "oír"; clueo tiene incluso el mismo origen que gloria, palabra Latina que pasó sin variación al Español). Sería por tanto algo así como "gloriosa cantora" o "famosa cantora".

Hay otros orígenes propuestos: lus- puede ser un apócope lugs- que a su vez vendría de luges-, "pena". Sería una "cantora de la pena, de los lamentos". No es tontería. Existe el mito de Filomela, Progne y Tereo. Filomela es convertida por los dioses en ruiseñor. Varios autores griegos califican al ruiseñor de ave triste, ligeia, por ejemplo Esquilo en Agamenón y Sófocles en Edipo en Colono. De la asimilación de esta palabra al Latín y el recuerdo del mito surgiría lugescinia, luego lugscinia, luego luscinia. Otra etimología relaciona lus- con luxus, "dislocado", en referencia al canto intrincado del ruiseñor, al que el mismo Plinio menciona en su Historia Natural.

Sin embargo, la etimología que tiene más fuerza es la que relaciona lus- precisamente con lux, "luz". Pero la raíz de lux es luc- (Genitivo lucis) no lus-. ¿Indicaría algo esa forma lus-? Efectivamente. Esa forma lus- puede ponerse en relación con una forma diminutiva: una luz atenuada, una luz disminuida, precisamente la del alba o la del crepúsculo. Ciertamente, aunque esta propuesta sea la correcta, no hay base que yo conozca para elegir el crepúsculo frente al alba. Sin embargo, dado que como se ha dicho antes, el ruiseñor en efecto tiene la costumbre de cantar a primeras horas de la noche, y siendo éste un hecho que le distingue frente a otros pájaros, es más que probable que de ser ésta etimología la verdadera, el término lus- hiciera referencia más bien al crepúsculo que al alba. Si esto fuera así, la bella imagen del ruiseñor como "cantor del crepúsculo" sería común tanto a las lenguas Pregermánicas como al Latín, lo que nos sugiere (aunque se requeriría más contraste y estudio para afirmarlo, ya que por ejemplo en Griego Antiguo es aêdôn,"la cantora") que quizá el concepto, si no la palabra existiera como tal entre los pueblos Indoeuropeos.

En la cultura popular, el ruiseñor anuncia la primavera y es considerado el pájaro del mes de mayo. También es símbolo del amor. En Persia siempre tuvo un papel destacado en el arte y la literatura, hasta el punto de que es considerado el pájaro nacional de Irán. Ha servido incontables veces de inspiración para todo tipo de composiciones. Yo recuerdo en concreto la Ode to a Nightingale de Keats, y sé que Coleridge también le dedicó unos versos. Pero para despedirme elijo dejaros con el soneto que compuso Espronceda, "A un Ruiseñor":

Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.

Teñido el cielo de amaranta y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.

Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío.

Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo süave en mis pesares,
endulzará tu acento el labio mío.

lunes, abril 28, 2008

Té Pu-erh con leche

El Té Pu-Erh es el que llaman Té Rojo. En todas las cajas de Té Rojo siempre te hablarán de su sabor terroso. Y es cierto: El Té Rojo sabe a tierra, y es un sabor maravilloso. También te hablarán de que ayuda a desengrasar: que activa el metabolismo de las grasas, si el término es biológicamente correcto. También parece que baja el colesterol. Pero a mi eso no me importa tanto.



Lo que me gusta es que el Té Rojo sabe a tierra. Se me ocurre ahora que es lo más cerca que podemos estar de sentir el sabor de la tierra (sin tener que meternos terrones de barro en la boca, que al ser humano aprovecha poco). Es por tanto una fantasía de sentir lo que saborean las plantas y los poderosos Þiudos. La cajita de cartón afirma orgullosa que el Té Rojo que me estoy tomando está elaborado mediante un proceso de fermentación de las hojas en barricas de roble durante 50 años. ¿Me lo creeré? No; pero lo importante es ese curioso sabor que me recuerda a la tierra, el mismo aroma que sentimos Eylo y yo cuando cambiamos las macetas, trasplantamos o me dice "esta planta necesita más agujeros en su maceta, no respira bien y la tierra está demasiado húmeda"; y tiene razón. El mismo aroma que sentíamos cuando llovía, y que ahora todavía se siente aunque empieza a olerse teñido de los amenazadores compuestos químicos que el hombre ha domado y que componen la felicidad de nuestros tiempos corrientes.

El Té Rojo con leche tiene un sorprendente tono rosa. Recuerdo que ya lo he probado, hace mucho tiempo, pero era un té no muy común aquí, aunque ahora se puede conseguir en el supermercado, en las bolsitas cómodas que definitivamente son uno de los mejores inventos de la humanidad. Me gusta de siempre el té, aunque soy perezoso para prepararlo. Unos chinos me han regalado varias veces en el pasado Té Verde, Lù Chá. Es quizá mi favorito, por encima del Té Rojo, sin duda. Es aromático, floral. Antes de prepararlo tiene el aspecto de arrugadas bolitas fibrosas. Y es que al fin y al cabo se trata de hojas de té, enrolladas, trituradas y secas. Al prepararse en agua, las hojas se despliegan formando un bellísimo efecto que se une a su profundo y delicado aroma de flor.

Realmente estoy simplificando en demasía, ya que tanto dentro del Té Rojo y del Té Verde (y como se puede adivinar, de cualquier té), existen multitud de variedades y clasificaciones. Pero disculpadme si confieso que no me apetece, en este crepúsculo que va cayendo alrededor mío, extenderme sobre esas variedades infinitas. Será el Té Rojo que estimula mi alma arbórea y me invita a simplemente disfrutar de los últimos rayos de luz, que se van...