miércoles, diciembre 13, 2006

Una nota sobre un encuentro

Realmente considero, ya lo sabéis, la recreación que ha hecho Peter Jackson de la obra de Tolkien como una de las obras maestras del cine de nuestros tiempos. Los que entienden de películas puede que se echen las manos a la cabeza. Tiendo a ser un poco duro con el cine, que para mi es una forma de arte sobrevalorada en nuestra cultura. Las películas del ciclo El Señor de los Anillos de Jackson me parecen grandes, sin embargo. Son grandes al margen del frikismo, de su espectacularidad y del valor propio de la creación de Tolkien, de la que se podría hablar largo y tendido, cosa que tampoco es cuestión hacer ahora. Al final, han demostrado que lo épico no está pasado de moda; muy al contrario, tocan algo dentro de nosotros, algo que es propio de la esencia humana, por referirme a lo que decía hace poco. Creo que la obra de Tolkien puede ser perfectamente la última obra épica de la humanidad, o al menos de occidente (del Occidente profundo). No digo que no haya más nunca; seguramente el género no muera mientras el ser humano sea verdaderamente humano. La épica habla de la superación, el enfrentamiento del ser humano a las adversidades y la resistencia más allá del fracaso. Esto al final está ligado con la supervivencia. El instinto de supervivencia no se perderá; es propio de nuestra naturaleza. La curiosidad es otro gran rasgo humano, y el que nos ha llevado a seguir buscando respuestas, creciendo, evolucionando. La búsqueda de lo desconocido nos lleva junto al instinto, a la lucha, al enfrentamiento con lo que nos asusta o se nos resiste. Hay también valores en todo esto.

Volviendo al tema de la película, considero uno de los momentos más intensos de la primera parte (La Compañía del Anillo) y de la trilogía entera lo encontramos en el diálogo de Arwen y Aragorn en Rivendel, antes del famoso Concilio. Uno de los puntos fuertes del ciclo es el respetuoso y magnífico en las películas del uso de las lenguas élficas que Tolkien creó. El sindarin y el quenya, de los que ya he hablado alguna que otra vez, están cargadas de una magia difícil de imitar; no en vano detrás de las palabras hay un trabajo de años buscando una cadencia y sonidos que literalmente fueran propios de otro mundo y otra raza de seres. Ese fragmento en concreto es bello por el tema, por la forma, la música. Y cómo no, el sonido de la lengua élfica realza la belleza del encuentro:

Arwen: A si i-Dhúath ú-orthor, Aragorn.
Ú or le a ú or nin.

Renich i lú i erui govannem?

Aragorn: Nauthannen i ned ôl reniannen.

Arwen: Gwenwin in enninath...
Ú-'arnech in naeth i si celich.
Renich i beth i pennen?
El texto es sindarin (hemos aprendido que el quenya era ya mucho menos frecuente en la Tierra Media...). Una traducción rápida sería:

Arwen: Hasta ahora la Sombra no prevalece, Aragorn.
No sobre vos ni sobre mi.

¿Recuerdas el momento en el que nos vimos por primera vez?

Aragorn: Pensé que me había extraviado dentro de un sueño...

Arwen: Largos años han pasado...
No cargabas las preocupaciones que llevas ahora.
Recuerdas la palabra que te dije entonces?


Echemos un vistazo a las frases:

A si i-Dhúath ú-orthor, Aragorn.

A proviene de la preposición an, que significa "hacia, a". Si es "ahora". La locución a si tiene el valor adverbial que se deduce: "hasta ahora", "hasta este momento". Dúath ("oscuridad, sombra") produce por lenición al tomar el artículo i-Dhúath (nótese la dh).
Orthor es "conquistar", "dominar"; el prefijo ú es la partícula negativa: "no domina", "no prevalece".

Ú or le a ú or nin.

Bella frase, sin duda. Ya hemos visto que ú es el adverbio de negación. A es "y", or la preposición "sobre". Le y nin son las formas independientes de los pronombres personales "tú" y "yo". Nótese el detalle de que Arwen se refiera a Aragorn con la forma respetuosa del artículo; la forma familiar de "tú" sería chin.

Renich i lú i erui govannem?

Otra frase de excelente sonoridad. Renich viene de la raíz ren, "recordar". I puede ser tanto artículo como pronombre, y en esta frase lo encontramos funcionando de ambas formas, primero como artículo de ("momento", "tiempo", cf. con parecido significado) y después como pronombre relativo (nominalmente es "quién", pero en este caso se usa como "cuándo"). Erui es tanto adverbio como adjetivo (aquí, adverbio) y significa "primero". De govad "reunirse", "encontrarse", el pasado en 1ª persona del plural es govannem.

Nauthannen i ned ôl reniannen.

Dos pasados, el del verbo nautha, "concebir", "pensar" y el del verbo renia, "extraviarse", "perderse". Ned es la preposición "en"; ôl es "sueño".

Gwenwin in enninath.

Enninath es una curiosa construcción. La raiz es ennin. El sufijo -ath marca un plural colectivo. Este tipo de plural se usa referirse a todos los miembros de una misma especie o que comparten alguna característica o relación. Por ejemplo, de êl, "estrella", se tiene elenath con el significado de "la hueste de las estrellas", es decir, "todas las estrellas del firmamento". Ennin es un año Valar, una vasta cantidad de tiempo (ver nota en esta página de The Annals of Arda; Tolkien menciona la cronología exacta, me comentan, en Los Anales de Aman, El Anillo de Morgoth, volumen 10 de La Historia de la Tierra Media). Por tanto enninath sería "todos los años de los Valar", una cantidad de tiempo inconmesurable. Por otra parte, el verbo gwanna significa "pasar", "partir" pero también "morir". Esta frase podría traducirse por tanto como "una eternidad ha pasado" o "una eternidad ha transcurrido (desde entonces)".

Ú-'arnech in naeth i si celich.

Veamos primero la primera palabra de la frase, ú-'arnech. He leído, por cierto, que en el guión original de la película hay una errata: pone ú-arnech. Al que no vea la diferencia, le reconozco que yo también he tenido que remirar durante un rato las dos formas hasta dar con ella: en la versión que aparece en el guión de la película falta el apóstrofe. Eso es hilar fino. En cualquier caso ¿por qué el apóstrofe? Pues porque 'arnech es la forma débil de garnech, que a su vez es el pasado de gar, "mantener", "tener", "poseer", en 2ª persona del singular pero en forma familiar esta vez, "tú". La forma cortés por comparación con la segunda frase sería ú-'arnel. Ya hemos visto que ú implica negación, y en este caso provoca la lenición de la g inicial. Naeth significa propiamente "mordedura"; por extensión se usa para "pena", "dolor" (por el gesto de apretar los dientes). Si es "ahora", i es el relativo. Col es supuestamente "llevar" o "portar"; no he podido encontrar una etimología en sindarin, siendo lo más próximo que he visto la palabra cyll, "portador". En cualquier caso, celich parece más bien un aoristo de un verbo cel que no he podido encontrar en ningún glosario (en ese caso la forma correcta sería cêlich). ¿Aoristo? El aoristo es un tiempo verbal muy curioso, y tiene cierta elegancia y belleza para nosotros los chalaos de las lenguas. No se encuentra en muchos lenguajes modernos; pero todo el que haya estudiado griego antiguo lo conoce. El aoristo se traduce como un tiempo pasado pero no delimitado, un hecho pasado cuya duración el hablante no puede (o no encuentra interés en) expresar. En algunos contextos, debido a sus peculiaridades, no se considera un tiempo verbal como tal, sino más bien un aspecto del verbo, ya que no expresa ni duración ni finalización de la acción; el tema es curioso y da para otro articulillo. Volviendo a Arwen, ¿qué sería entonces cêlich? Antes he escrito "cargabas". Lo mejor sería traducirlo como "portaste", como un indefinido.

Renich i beth i pennen?

Ya hemos visto arriba renich, así que todos recordamos lo que significa. "Palabra" se dice peth; el paso a b inicial es otra lenición. Merece la pena fijarse en que "palabra" se usa precisamente en singular. La raiz ped- es "hablar", "decir"; pennen es la primera persona del pretérito. Pero si no me equivoco, ped es un verbo básico, no derivado; por tanto, "yo dije" debería ser pennin.

Un bello fragmento, sin duda.
Parte de este texto puede verse y escucharse, aunque con calidad más o menos cutre, cortesía del vasto YouTube.

Cuántas veces encontramos la fortaleza en las palabras de la persona a la que amamos.